martes, 31 de marzo de 2009

sabiduria, verdad

Jesús a sus discípulos (Mateo XIII 10-18) "a vosotros, mis discípulos, os
hablo cara a cara, pero a los demás, al vulgo, les hablo por parábolas, para que viendo no
vean y oyendo no entiendan..., porque no debéis dar ‘os tesoros del Reino del Padre
a los vulgares, a los cerdos, pues que los pisotearán, y, si pueden,
os devorarán”.

La Verdad desnuda

A un sabio afamado por su sabiduría y por su ingenio le preguntaron una vez por qué se servía con tanta frecuencia de historias sencillas para explicar una gran verdad.

Eso-dijo el sabio- puede ser explicado mejor por medio de una parábola. Una parábola sobre la Parábola.

Hubo un tiempo en que la Verdad andaba entre las gentes, sin adorno alguno, tan desnuda como la Verdad misma. Quienquiera que la veía miraba hacia otro lado, temeroso y avergonzado, porque no querían mirarla cara a cara. La Verdad vagó entre las gentes de la Tierra, sinendo mal recibida, rechazada y considerada persona no grata. Un día, sola y sin amigos, se encontró con la Parábola que marchaba por allí muy satisfecha, vestida con ropajes hermosos y coloreados.

-Verdad, ¿cómo estás tan triste, tan afligida? -preguntó la Parábola con sonrisa jovial.

-Porque soy tan vieja y tan fea que la gente me evita -dijo la Verdad, con amargura.

-Tonterías -repuso riendo la Parábola-. No es que te evite la gente. Toma prestadas mis ropas, vete entre la gente y mira lo que ocurra.

Así, la Verdad se puso algunos adornos encantadores de la Parábola y dondequiera que iba ahora era bien recibida.

El sabio sonrió y dijo:

-Los hombres no pueden encararse con la Verdad desnuda; la prefieren disfrazada con el ropaje de la Parábola.

Sólo un buen amigo es capaz de comprender que su presencia puede llegar a molestarnos. Noel Clarosó


“Conoced la Verdad y ella os hará libres”




Una mujer le preguntó a Einstein qué hacer para que sus hijos fueran más inteligentes y Einstein le respondió: «Léales cuentos de hadas». La mujer, riéndose, le replicó: «Ya, ¿y qué debo hacer después de haberles leído cuentos de hadas?». Y Einstein le dijo: «Pues léales más cuentos de hadas». Seguramente, afirma quien cuenta el sucedido, la escritora Mem Fox, Einstein pensaba que «los cuentos de hadas requieren una mente atenta a los detalles, muy activa en la resolución de problemas, capaz de viajar por los corredores de la predicción y la búsqueda de los significados».


Cuentame un cuento - Celtas Cortos


Cuéntame un cuento
y verás qué contento
me voy a la cama
y tengo lindos sueños.
Cuéntame un cuento
y verás qué contento
me voy a la cama
y tengo lindos sueños.

Pues resulta que era un rey
que tenía tres hijas,
las metió en tres botijas
y las tapó con pez,
y las pobres princesitas
lloraban desconsoladas,
y su padre les gritaba
que por favor se callaran.

Cuéntame un cuento
y verás qué contento
me voy a la cama
y tengo lindos sueños.
Cuéntame un cuento
y verás qué contento
me voy a la cama
y tengo lindos sueños.

Las princesas se escaparon
por un hueco que existía,
que las llevó hasta la vía
del tren que va para Italia,
y en Italia se perdieron
y llegaron a Jamaica,
se pusieron hasta el culo
de bailar reggae en la playa.

Cuéntame un cuento
y verás qué contento
me voy a la cama
y tengo lindos sueños.
Cuéntame un cuento
y verás qué contento
me voy a la cama
y tengo lindos sueños.

Bailando en la playa estaban
cuando apareció su padre,
con la vara de avellano
en la mano amenazando,
fue tras ellas como pudo
y tropezó con la botella,
que tenía genio dentro,
que tenía genio fuera.

Cuéntame un cuento
y verás qué contento
me voy a la cama
y tengo lindos sueños.
Cuéntame un cuento
y verás qué contento
me voy a la cama
y tengo lindos sueños.

Les concedió tres deseos
y ahora felices estamos,
y colorín, colorado
este cuento se ha acabado,
y resulta que este rey
que tenía tres hijas,
las metió en tres botijas
y las tapó con pez.

Cuéntame un cuento,
la enanita junta globos,
la que vuela por los aires,
la que nos seduce a todos.

Cuéntame un cuento,
el del Ratoncito Pérez,
que te deja cinco duros
cuando se te cae un diente.

Cuéntame un cuento,
que ya creo que estoy soñando,
cuéntame un cuento,
con música voy viajando.

Cuéntame un cuento,
que todavía no es tarde,
cuéntame un cuento,
que la noche está que arde.


Esto lo formula bien Italo Calvino cuando explica que «los cuentos de hadas son verdaderos» porque, «tomados en conjunto, con su siempre reiterada y siempre diversa casuística de acontecimientos humanos», nos dan una explicación general de la vida y nos enseñan todo «un catálogo de los destinos que pueden padecer un hombre o una mujer». Así, vemos que nos hablan de la división de los hombres en reyes y humildes pero de su igualdad sustancial; de la persecución del inocente y de su rescate; de «la suerte común de verse sujeto a encantamientos, esto es, de estar determinado por fuerzas complejas e ignoradas»; de que la lucha por liberarse y autodeterminarse es un deber elemental inseparable de intentar a la vez liberar a los otros, pues de ningún modo podemos liberarnos solos; de «la fidelidad a un empeño y la pureza de corazón como virtudes básicas que conducen a la salvación y al triunfo»; de las pruebas necesarias para llegar a la edad adulta y la madurez y así poder confirmarse como ser humano; de «la belleza como signo de gracia, aunque pueda ocultársela bajo atuendos de modesta fealdad, como un cuerpo de rana»; de la unidad básica de todo lo creado —hombres, bestias, plantas y cosas— y de «la infinita posibilidad de metamorfosis de todo lo que existe»
http://www.bienvenidosalafiesta.com/index.php?mod=Articulos&acc=VerFicha&datId=0000000107

Es amarga la verdad - paco Ibañez


La pobreza. El dinero.
Francisco de Quebedo

Pues amarga la verdad,
Quiero echarla de la boca;
Y si al alma su hiel toca,
Esconderla es necedad.
Sépase, pues libertad
Ha engendrado en mi pereza
La Pobreza.

¿Quién hace al tuerto galán
Y prudente al sin consejo?
¿Quién al avariento viejo
Le sirve de Río Jordán?
¿Quién hace de piedras pan,
Sin ser el Dios verdadero
El Dinero.

¿Quién con su fiereza espanta
El Cetro y Corona al Rey?
¿Quién, careciendo de ley,
Merece nombre de Santa?
¿Quién con la humildad levanta
A los cielos la cabeza?
La Pobreza.

¿Quién los jueces con pasión,
Sin ser ungüento, hace humanos,
Pues untándolos las manos
Los ablanda el corazón?
¿Quién gasta su opilación
Con oro y no con acero?
El Dinero.

¿Quién procura que se aleje
Del suelo la gloria vana?
¿Quién siendo toda Cristiana,
Tiene la cara de hereje?
¿Quién hace que al hombre aqueje
El desprecio y la tristeza?
La Pobreza.

¿Quién la Montaña derriba
Al Valle; la Hermosa al feo?
¿Quién podrá cuanto el deseo,
Aunque imposible, conciba?
¿Y quién lo de abajo arriba
Vuelve en el mundo ligero?
El Dinero.


Diógenes, el griego ascético que se dice fue con una linterna en la mano a buscar un hombre honesto. Diógenes es el símbolo de la búsqueda de la verdad, un Ermitaño que espera descubrirla eliminando las distracciones.
Fue un hombre de talento; pero de tan laxas ideas sobre moral y de tan depravada conducta, que ha dado margen a que se dijese entonces, y se haya repetido después, que se debía volver la vista del fondo de su tonel o cuba, es decir, de su vida privada. Éstas son algunas de sus máximas:
1. El maldiciente es una fiera salvaje, la más cruel; el adulador es un animal doméstico, el más peligroso.
2. Los oradores piensan más en hablar bien que en obrar bien.
3. El amor es la ocupación de los ociosos.
4. Haz con los grandes como con el fuego, ni muy lejos ni muy cerca.
La virtud era la base de su filosofía. Despreciaba a los hombres de letras por dedicar tiempo a leer los sufrimientos de Odiseo mientas desatendían los suyos propios. Y a los oradores que, a su parecer, estudiaban cómo hacer valer la verdad pero no cómo practicarla.


Paco Ibañez - El Lobito Bueno - José Agustín Goytisolo


Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.
Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.
Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.


La leyenda cuenta que se deshizo de todo lo que no era indispensable, incluso abandonó su escudilla cuando vio que un muchacho bebía agua en el hueco de las manos. Conoció a algunos de los filósofos y gobernantes de la época.

Se cuenta la anécdota de que estando Diógenes un día en las afueras de Corinto, se le acercó Alejandro Magno y le dijo:
"Yo soy Alejandro Magno"
"y yo soy Diógenes el cínico".
Entonces Alejandro le preguntó qué podía hacer para servirle.
El filosofo le respondió simplemente:
"Puedes apartarte para no quitarme el sol".
Dicen que Alejandro quedó tan impresionado con el dominio de sí mismo del cínico, que se marchó diciendo "si yo no fuera Alejandro, querría ser Diógenes.

Diógenes, como todos los cínicos, recomienda el entrenamiento para adquirir la areté, ejercitarse tanto física como mentalmente para endurecerse y llegar a la impasibilidad y a la autosuficiencia. La independencia se consigue con el esfuerzo, como el viejo héroe Heracles, que sirve de ejemplo a los cínicos, porque vive conforme a su propia valoración de las cosas y no según normas ni convenciones impuestas desde fuera
http://ariamozart.blogspot.com/2007/06/diogenes-de-snope.html


ZENIT Y FRANK T - LA VERDAD


[ Frank-T]
No es un quiero y no puedo,
es un puedo y lo e hecho,
lo presento, os represento,
lo cuento con encanto,
en el rap se mi canto.
Es cierto es para tanto
como un angel o un santo
iluminandolo en lo alto.
Uno pisa el asfalto
estando humedo o seco,
y ayi donde no ai weco
no se escuchan los ecos
ni historias , ni fabulas,
son chismes de brujas
mirate en el espejo y solo busca la verdad

[zenit]

La verdad es que nose como empezar esta cancion.

[Frank-T]

La verdad Zenit, saca tu propia conclusion.

[zenit]

La verdad no es absoluta, es conjuncion
de experiencias , pensamientos, esto es solo mi opinion.
La verdad no es tener siempre la razon.
La verdad no es llegar a las manos en cada discursion.
La verdad es conseguir una reaccion con una accion.
La verdad es tener en la vida una mision.
La verdad es tener claras las ideas frente a tanta confusion.
La verdad es subir escalon tras escalon.
La verdad es corazon.
La verdad es distinguir el bien y el mal en cada decision.
La verdad la sabe solo el que sabe pedir perdon.
La verdad la sabe solo el que la sabe separar de la ficcion.
La verda existe, es una invencion?
verdad o no verdad ,esa es la cuestion!
La verdad la sabe skynet o zenit hombredon.
Está en tu play station, o en television.
La verdad esta esta en Euskadi, en Palestina, en los Balcanes, en Zaire ,
en Afganistan y en tu cabeza so melon!

[Frank-T]

No la escondiste en el armario,
buscaste en el diccionario,
kien sabe, la tendran tal vez los peces de tu acuario
en los barrios cuidao
que ya te enseñan los dientes,
en el subsuelo ya lo saben
solo hace faltan que les muestres
una accion, una salida, una d estas que sea digna.
Sereis buenos escuderos,
mañana grandes caballeros.
Lucha si estas oprimido para encontrar la libertad.
Lucha si estas engañado para encontrar la verdad.

[Zenit]

Lpor tus ideales, insiste se tenaz
lanzate sobre tu presa, como un ave rapaz.
Huye siempre del ke te demuestre falsedad.
Convina en tu escalada sangre fria y terquedaz.
Ilumina todo el mundo con de luz, un haz.
Elimina hipocritas, sobre de la tierra la paz,
consigue ke se imponga sobre la guerra la paz.
Actua como quieras, pero buska la verdad

[Frank-T]

la verdad es que el nombre era muy propio desengaño,
un buen baño de accion desenfrenada y sin limites
verdad son escondites para zombies en pecado,
forman parte de la estructura irracional en mal estado.
La verdad a izquierda o derecha en tension, buscando el chino
la inyeccion, ponerse a estar en evasion.
La verdad eske al lado,hasta debajo de esos charcos de orina,
que desprenden ya ese familiar edor.
La verdad en discursion por la parcela,que ya esquina mejor cuesta,
para hacer prostitucion es otra muestra.
A cuchillo 2 mujeres de la vida en pleno duelo, antes de que venga un poli,
una estara en el suelo.
Verdad del chulo putas, cuando da su proteccion, asi pegandose el piro,
no me importa nadie estilo.
Verdad yo me lo kurro, para poder seguir vivo, asi afirma el interplus,
asi de triste como un blus.
La verdad es ke es triste, pero aun sigue habiendo espacio.
La verdad seria mejor si esto lo hicieramos despacio.
Tan solo es una parte de lo que puede ser verdad
no todo es negatividad, no pierdas la esperanza.

[Zenit]

Es tu unica esperanza,
es tu unida oportunidad,
aprende a separar los sueños de la realidad.
Se capaz, de hacer algo bueno por la sociedad.
Convina en tu escalada cantidad y calidad.
Kitale el disfraz, al que sufre enfermedad, de creerse majestad, sin ser nadie en tu ciudad.
Desenmascara al que esconde su cara tras un antifaz.
Actua como quieras, pero busca la verdad.


El labrador y el sabio
.
El sabio indio Narada pidió a Dios que le mostrase un hombre amado por Él. El Señor le aconsejó buscar a cierto labrador.
.
-¿Qué haces para que el Señor te ame tanto? -preguntó Narada al labrador, cuando lo hubo encontrado.
.
-Digo Su nombre por la mañana. Trabajo el día entero, por la noche me divierto un poco, y digo Su nombre antes de dormir.
.
-¿Sólo eso?
.
-Sólo eso.
.
"Creo que me he equivocado de hombre", pensó Narada. Y esa noche tuvo un sueño. En él, el Señor le decía:
.
"Llena un cuenco de leche, ve a la ciudad y vuelve sin derramar ni una sola gota".
.
A la mañana siguiente, Narada -acostumbrado a seguir las señales divinas- hizo lo que el Señor le ordenaba. Por la noche, tuvo otro sueño, en el que el Señor le preguntaba:
.
"¿Cuántas veces pensaste en mí mientras cargabas con la leche?"
.
"¿Cómo podía pensar en el Altísimo? ¡Estaba ocupado en no derramar el contenido del cuenco!"
.
"Un simple cuenco hace que me olvides. Y el labrador, con todos sus quehaceres y con su diversión por las noches, piensa en mí dos veces al día."

marta sanchez-dime la verdad


Me pregunto mil veces
quién gobierna mi vida,
quién dirige mi mente
junto a la de los demás.

Qué poderes en la sombra
juegan con mi voluntad,
una máquina los nombra
para podernos controlar.

Dime la verdad,
dime su secreto.
Toda la verdad,
no le tengas miedo.

Somos unas marionetas,
otros mueven los hilos.
No se quitan la careta,
no sabemos cómo son.

Utilizan las palabras
sólo para confundir.
Yo no sé si la esperanza
conseguirá sobrevivir.

(estribillo)

Qué poderes en la sombra
juegan con mi voluntad,
una máquina los nombra
para podernos controlar.

(estribillo)


Las tres rejas - parabola china

-El joven discípulo de un sabio filósofo llega a casa de éste y le dice:

Oye, maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...

-¡Espera! -lo interrumpe el filósofo-.

¿Ya has hecho pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

-¿Las tres rejas?

-Sí. La primera es la verdad.

¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

-No. Lo oí comentar a unos vecinos.

-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad.

Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?

-No, en realidad no. Al contrario...

-¡Ah, vaya!

-La última reja es la necesidad.

¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

-A decir verdad, no.

-Entonces -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdadero, ni bueno,

ni necesario, enterrémoslo en el olvido.

atahualpa yupanqui - la pura verdad


Introducción musical

Para cantar bagualas no cuenta la voz,
Sólo se precisa poner en la copla todo el corazón,
No han de ser bagualas mientras haiga sol,
Andando y de noche, rodeado de silencio se canta mejor,
Golpeando las piedras mi buen marchador,
Cómo si marcara mesmo los latidos de mi corazón,
Y en los guardamontes haciendo el tambor,
Con mis lejanías, con mis esperanzas, si habré cantado yo,
Pa cantar bagualas no cuenta la voz,
Sólo se precisa poner en la copla todo el corazón,

Instrumental

Lo qué dentra a la cabeza,
De la cabeza se va,
Lo qué dentra a la cabeza,
De la cabeza se va…
Lo qué dentra al corazón,
Se queda y no se va más…
Lo qué dentra al corazón,
Se queda y no se va más…
Tú quieres saber porqué, tú quieres saber porqué,
Escúchalo bien, escúchalo bien…
Al corazón sólo dentra la pura verdad,
Qué al corazón sólo dentra la pura verdad,
Cuándo tengáis una pena,
Cuándo tengáis un dolor,
Si son cosas verdaderas,
Llegarán al corazón,
Tú quieres saber porqué, tú quieres saber porqué,
Escúchalo bien…, escúchalo bién…, escuchalo bién…
Qué al corazón sólo dentra la pura verdad,
Qué al corazón sólo dentra la pura verdad,
Palabrita ay Dios, la pura verdad…
Palabrita ay Dios, la pura verdad…
Lo qué dentra a la cabeza,
De la cabeza se va,
Lo qué dentra a la cabeza,
De la cabeza se va…
Lo qué dentra al corazón,
Se queda y no se va más…
Palabrita ay Dios, la pura verdad…
Palabrita ay Dios, la pura verdad…


Diogenes de Sínope (en griego Διογένης ὁ Σινωπεύς Diogenes ho Sinopeus) , también llamado Diógenes el Cínico, fue un filósofo griego perteneciente a la escuela cínica. Nació en (Sinope, ca. 412 a. C. – Corinto y murió en 323 a. C.) No legó a la posteridad ningún escrito; la fuente más completa de la que se dispone acerca de su vida es la extensa sección que su tocayo Diógenes Laercio le dedicó en su Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres.
Diógenes de Sínope fue exiliado de su ciudad natal y trasladado a Atenas, donde se convirtió en un discípulo de Antístenes, el más antiguo pupilo de Sócrates. Diógenes vivió como un vagabundo en las calles de Atenas, convirtiendo la pobreza extrema en una virtud. Se dice que vivía en una tinaja, en lugar de una casa, y que de día caminaba por las calles diciendo que “buscaba hombres” (honestos). Sus únicas pertenencias eran: un manto, un zurrón, un báculo y un cuenco (hasta que un día vio que un niño bebía el agua que recogía con sus manos y se desprendió de él). Ocasionalmente estuvo en Corinto donde continúo con la idea cínica de autosuficiencia: una vida natural e independiente a los lujos de la sociedad. Según él, la virtud es el soberano bien. La ciencia, los honores y las riquezas son falsos bienes que hay que despreciar. El principio de su filosofía consiste en denunciar por todas partes lo convencional y oponer a ello su naturaleza. El sabio debe tender a liberarse de sus deseos y reducir al máximo sus necesidades.
Vida
Diógenes nació en la colonia griega de Sínope, situada en la costa sur del Mar Negro, en el 412 a. C. Nada se sabe acerca de su infancia excepto que era hijo de un banquero llamado Hicesias. Ambos fueron desterrados por haber fabricado moneda falsa. Diógenes se gloriaba de haber sido cómplice de su padre, y este suceso prefiguró, en cierto modo, su vida filosófica. Al parecer, estos hechos han sido corroborados por arqueólogos. Han sido descubiertas en Sínope un gran numero de monedas falsificadas (acuñadas con un gran formón) que se han datado en la mitad del siglo IV a. C. y otras monedas de la época que llevan el nombre de Hicesias como el oficial que las acuñó. No están claros los motivos por los que se falsificó la moneda, aunque Sínope estaba siendo disputada entre facciones pro-persas y pro-griegos en el siglo IV a. C., y quizá hubiera más intereses políticos que financieros.
Los griegos eran muy aficionados a las artes adivinatorias y solían acudir a los templos para consultar sobre su futuro. Pero la ambigüedad con que respondían los oráculos podía dar pie a todo tipo de interpretaciones. Según la leyenda, Diógenes fue a consultar el oráculo de Delfos y éste le dijo: «Vuelve a tu casa y da nuevas instituciones a tu tierra». Y Diógenes, de acuerdo con lo que el oráculo le dijo, pensó que no estaría mal empezar por cambiar, o mejor dicho: dar el cambiazo, de moneda.
En su nueva residencia, Atenas, la misión de Diógenes fue la de metafóricamente falsificar/desfigurar la “moneda” de las costumbres. La costumbre, decía, era la falsa moneda de la moralidad. En vez de cuestionarse qué estaba mal realmente, la gente se preocupaba únicamente por lo que convencionalmente estaba mal. Esta distinción entre la naturaleza (“physis”) y lo convecional (“nomos”) es el tema principal de la filosofía griega y uno de los temas que dedica Platón en La República, en concreto, en la leyenda del Anillo de Gyges.
Se afirma que Diógenes se fue a Atenas con un esclavo llamado Manes que le abandonó poco más tarde. Con un humor característico, Diógenes afrontó su mala suerte diciendo: “Si Manes puede vivir sin Diógenes, ¿por qué Diógenes no va a poder sin Manes?” Diógenes será coherente riéndose de la relación de extrema dependencia entre las personas. Encontró un maestro, que no hacía nada para sí mismo, pero rechazó su ayuda. Le llamó la atención el maestro ascético Antístenes, un discípulo de Sócrates, que (según Platón) había presenciado su muerte. Diógenes pronto superó a su maestro tanto en reputación como austeridad en el modo de vivir. Al contrario que los otros ciudadanos de Atenas vivió evitando los placeres terrenales. Con esta actitud pretendía poner en evidencia lo que él percibía como locura, fingimiento, vanidad, ascenso social, autoengaño y artificiosidad de la conducta humana.
Las anécdotas que se cuentan sobre Diógenes ilustran la consistencia lógica de su carácter. Este “Sócrates delirante”, como le llamaba Platón, caminaba descalzo durante todas las estaciones del año, dormía en los pórticos de los templos envuelto únicamente en un su capa y tenía por vivienda una tinaja. Un día vio como un niño bebía agua con las manos en una fuente: “Este muchacho, dijo, me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas”, y tiró su escudilla. Cierto día se estaba masturbando en el Ágora, quiénes le reprendieron por ello, obtuvieron por única respuesta del filósofo una queja tan amarga como escueta: "¡Ojalá, frotándome el vientre, el hambre se extinguiera de una manera tan dócil!" Profesaba un desprecio tan grande por la humanidad, que en una ocasión apareció en pleno día por las calles de Atenas, con una lámpara en la mano diciendo: “Busco un hombre”. Diógenes iba apartando a los hombres que se cruzaban en su camino diciendo que solo tropezaba con escombros, pretendía encontrar al menos un hombre honesto sobre la faz de la tierra. En una ocasión, cierto hombre adinerado le convidó a un banquete en su lujosa mansión, haciendo especial hincapié en el hecho de que allí estaba prohibido escupir. Diógenes hizo unas cuantas gárgaras para aclararse la garganta y le escupió directamente a la cara, alegando que no había encontrado otro lugar más sucio donde desahogarse. Cuando Platón le dio la definición de Sócrates del hombre como “bípedo implume”, por lo cual había sido bastante elogiado, Diógenes desplumó un pollo y lo soltó en la Academia de Platón diciendo “¡Te he traído un hombre!”. Después de este incidente, se añadió a la definición de Platón: “con uñas planas”. Asistiendo a una lección de Zenón de Elea, que negaba el movimiento, Diógenes se levantó y se puso a caminar. Si es verdad que los atenienses se burlaban de él, también es verdad que le temían y respetaban.
Según la leyenda, que parece ser creada con Menipo de Gadara, Diógenes en un viaje a Egina, fue capturado por los piratas y vendido como esclavo. Cuando fue puesto a la venta como esclavo, le preguntaron qué era lo que sabía hacer, respondió: “Mandar. Comprueba si alguien quiere comprar un amo”. Fue comprado por un tal Xeniades de Corinto, quien le devolvió la libertad y le convirtió en tutor de sus dos hijos. Pasó el resto de su vida en Corinto, donde se dedicó enteramente a predicar las doctrinas de la virtud del autocontrol.
Durante los Juegos Ístmicos, expuso su filosofía ante un público numeroso. Pudo haber sido allí donde conoció a Alejandro Magno. Se dice que una mañana, mientras Diógenes se hallaba absorto en sus pensamientos, Alejandro interesado en conocer al famoso filósofo, se le acercó y le preguntó si podía hacer algo por él. Diógenes le respondió: “No, tan solo que te apartes porque me tapas el sol.” Los cortesanos y acompañantes comenzaron a burlarse del filósofo, diciéndole que estaba ante el rey. Diógenes no dijo nada, y los cortesanos seguían riendo. Luego, Alejandro cortó sus risas diciendo: “De no ser Alejandro, habría deseado ser Diógenes.” En otra ocasión, Alejandro encontró al filosofo mirando atentamente una pila de huesos humanos. Diógenes dijo: “Estoy buscando los huesos de tu padre pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo”.
Aunque la mayoría de las leyendas sobre él dicen que vivía en una tinaja en Atenas, hay algunas fuentes que afirman que vivía en una tinaja cerca del gimnasio Craneum en Corinto. Diógenes Laercio dijo sobre él en Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres:
Al anunciar Filipo que iba a atacar Corintio, y al estar todos dedicados a los trabajos y corriendo de un lado a otro, él empujaba haciéndola rodar la tinaja en que vivía. Como uno le preguntara: -¿Por qué lo haces, Diógenes?-, dijo: -Porque estando todos tan apurados, sería absurdo que yo no hiciera nada. Así que echo a rodar mi tinaja, no teniendo otra cosa en qué ocuparme.
Diógenes Laercio también comentó en este libro:
Solía entrar en el teatro topándose con los que salían. Cuando le preguntaron que por qué lo hacía, contestó: "Es lo mismo que trato de hacer a lo largo de toda mi vida"
Sobre la muerte de Diógenes circularon muchas versiones. Según una de ellas, murió de un cólico provocado por la ingestión de un pulpo vivo; según otra, fue como consecuencia de una caída, tras haberle mordido un tendón uno de los perros entre lo que trataba de repartir un pulpo; y según otra más, murió por su propia voluntad, reteniendo la respiración, aunque esto sería algo metafórico, pues es imposible morir por dejar de respirar voluntariamente. También circula una leyenda según la cual sus últimas palabras fueron: “Cuando me muera echadme a los perros. Ya estoy acostumbrado.” Bastante tiempo después Epicteto le recordaba como modelo de sabiduría. Los corintios erigieron en su memoria una columna en mármol de Paros con la figura de un perro descansado.
Algunas anécdotas sobre Diógenes hablan acerca de su comportamiento como el de un perro y sus alabanzas a las virtudes de los perros. Esto tiene su razón de ser en la palabra cínico. El nombre de cínicos tiene dos orígenes diferentes asociados a sus fundadores. El primero viene del lugar donde Antístenes, su maestro, fundó la escuela y solía enseñar la filosofía, que era el santuario y gimnasio de Cinosargo, cuyo nombre significaría kyon argos, es decir perro ágil o perro blanco. El segundo origen tiene que ver con el comportamiento de Antístenes y de Diógenes, que se asemejaba al de los perros, por lo cual la gente les apodaba con el nombre kynikos, que es la forma adjetiva de kyon, perro. Por tanto kynikos o cínicos sería similares al perro o aperrados. Está comparación viene por el modo de vida que habían elegido estos personajes, por su idea radical de libertad, su desvergüenza y sus continuos ataques a las tradiciones y los modos de vida sociales.
Quienes comenzaron a apodar a Diógenes como "el perro" tenían la clara intención de insultarle con un epíteto tradicionalmente despectivo. Pero el paradójico Diógenes halló muy apropiado el calificativo y se enorgulleció de él. Había hecho de la desvergüenza uno de sus distintivos y el emblema del perro le debió de parecer adecuado para defender su conducta. Los motivos por lo que se relaciona lo cínico con lo canino son: la indiferencia en la manera de vivir, la impudicia a la hora de hablar o actuar en público, las cualidades de buen guardián para preservar los principios de su filosofía y, finalmente, la facultad de saber distinguir perfectamente los amigos de los enemigos. Diógenes decía irónicamente de sí mismo que, en todo caso, era "un perro de los que reciben elogios, pero con el que ninguno de los que lo alaban quiere salir a cazar". En mitad de un banquete, algunos invitados comenzaron a arrojarle huesos como si se tratara de un perro. Diógenes se les plantó enfrente y comenzó a orinarles encima, tal como hubiera hecho un perro. También le gritaron “perro” mientras comía en el ágora y él profirió: “¡Perros vosotros, que me rondáis mientras como!” Con idéntica dignidad respondió al mismísimo Platón, que le había lanzado el mismo improperio: “Sí, ciertamente soy un perro, pues regreso una y otra vez junto a los que me vendieron”.
Sabemos menos de la doctrina de Diógenes que de su vida. Como otros de los cínicos, se preocupó menos de formar escuela que de llevar una vida recta, de acuerdo con los principios de autonomía y desprecio de los usos de la sociedad.
Podemos, sin embargo, distinguirlo de su maestro Antístenes en varios aspectos. De éste se dice que consideraba la propiedad como un impedimento para la vida; Diógenes, sin embargo, no le daba valor alguno; se dice que enseñaba que el robo era admisible, pues "todas las cosas son propiedad del sabio". Otras doctrinas son comunes a ambos: la idea de que la virtud consiste fundamentalmente en la supresión de las necesidades; la creencia de que la sociedad es el origen de muchas de éstas, que pueden evitarse mediante una vida natural y austera; el aprecio por las privaciones, al punto del dolor, como medio de rectificación moral; el desprecio de las convenciones de la vida social, y la desconfianza de las filosofías refinadas, afirmando que un rústico puede conocer todo lo cognoscible.
El rechazo cínico de las formas de civilización establecidas se extendía al ideal de paideia que llevaba a los jóvenes griegos a practicar la gimnasia, la música y la astronomía, entre otras disciplinas, para alcanzar la areté; Diógenes sostenía que, si se pusiera el mismo empeño en practicar las virtudes morales, el resultado sería mejor. Despreciaba también la mayoría de los placeres mundanos, afirmando que los hombres obedecen a sus deseos como los esclavos a sus amos; del amor sostenía que era "el negocio de los ociosos", y que los amantes se complacían en sus propios infortunios. Sin embargo, consideraba que el coito era una necesidad física; es conocida la anécdota de que, frente al escándalo que provocó al masturbarse públicamente en el ágora, comentó desdeñosamente que desearía poder saciar el hambre simplemente frotándose el vientre.
Se sabe también que sostenía que la muerte no era un mal, pues no tenemos conciencia de ella. Se le considera inventor de la idea del cosmopolitismo, porque afirmaba que era ciudadano del mundo y no de una ciudad en particular.
Se han conservado algunos bustos antigüos de Diógenes (Vaticano, Capitolio, Louvre), así como un bajorrelieve en la villa Albani (Diógenes y Alejandro). Es uno de los sabios de la antigüedad más representados por la pintura barroca: Diógenes con la linterna, por Jordaens (Dresde), Ribera (Dresde); Diógenes tirando su escudilla, Poussin (Louvre), S. Rosa (Leningrado), K. Dujardin (Dresde).
http://es.wikipedia.org/wiki/Di%C3%B3genes_de_Sinope

Belinda-Es de verdad


Déjame probar de tu ternura
Déjame entregarte el corazón
Somos diferentes
No me importa si lo entienden

Déjame quitarte tantas dudas
Déjame llevarte hasta el sol
Mi alma no te miente
El amor cuando se siente
Es de verdad
Y nunca se va

Hoy pocas veces se equivocan
Cuando te llega te enamora
Es de verdad
La pura verdad

Pueden decirme que estoy ciega
Pueden decirme que estoy loca
Pero es de verdad

Mírame sin miedo sin censura
Háblame que quiero oir tu voz
Eres el paisaje mas bonito
Que me ha regalado Dios

Muy pocas veces se equivoca
Cuando te llega te enamora
Es de verdad
Y nunca se va

Pueden decirme que estoy ciega
Pueden decirme que estoy loca

Seré tu ángel
Tu voz
En tus latidos vivirá
Mi corazón

Déjame probar de tu ternura
Déjame entregarte el corazón
Somos diferentes
No me importa si lo entienden
Porque es de verdad

Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que
encuentra. Tampoco esa alguien que sabe lo que está buscando. Es
simplemente para quien su vida es una búsqueda.
Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había
aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar
desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de
marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes
de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención.
Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles,
pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla
pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de
descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y
empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban
distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un
buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella
inscripción … “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se
sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una
piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad
estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio
cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a
leerla decía “Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador
se sintió terrible mente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio
y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el
tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue
comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años.
Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del
cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y
luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
- No ningún familiar – dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué
cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados
en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo
ha obligado a construir un cementerio de chicos?.
El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que
pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven
cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí,
colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez
que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la
izquierda que fu lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿
Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión
enorme y el placer de conocerla?…¿Una semana?, dos?, ¿tres semanas y
media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y
medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o el nacimiento
del primer hijo? …, ¿y el casamiento de los amigos…?, ¿y el viaje más
deseado…?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país
lejano…?¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así
vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es
nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para
escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero
tiempo vivido.



La sabiduria de los cuentos
En todas las épocas y lugares del planeta Tierra, los hombres sabios han encerrado su sabiduria en los cuentos, la sabiduria de los idiotas, esas obras de arte puro que son la interpretación que se hace con sus lecturas y el camino del conocimiento que nos muestran, pues la la realidad depende de cómo la miramos, que podemos trabajar nuestra mirada y de este modo alterar mágicamente las apariencias.
Una forma respetuosa de intercambiar conocimientos
Los cuentos más populares de la historia están protagonizados por mujeres que rivalizan con mujeres. Es el caso de Cenicienta y de La Bella Durmiente, y también de Blancanieves (Sneewittchen, Grimm) y de La niña de los gansos (Die Gänsemagd, Grimm): todos giran en torno a la belleza de las protagonistas y todos apuntan a que la fuente de los conflictos y la clave de las soluciones están en la belleza exterior e interior. Y de lo mismo trata La Bella y la Bestia (La Belle et la Bête, Beaumont), sin duda la mejor versión popular del motivo clásico de que lo que nos hace amables es el amor y de que la belleza duradera es la que nace de la bondad.

El Rey Mendigo

En un país oriental, |n rey es tan amado por sus súbditos que, cada noche, duerme en un lecho de flores frescas que sus súbditos han cortado para él. Una noche, al oír pasos sobre el tejado del palacio, se despierta. Sube a él y ve a dos seres misteriosos que parecen estar buscando algo.

-¿Qué andáis buscando por aquí a una hora tan tardía?- les pregunta.

-Estamos buscando un camello.

-Pero ¿estáis loco? ¿Cómo queréis encontrar un camello sobre este tejado?

-Y tú, ¿cómo vas a encontrar a Dios en un lecho de flores frescas? –le responden ellos.

Sus palabras provocan una revelación en el rey que abandona al instante su palacio para hacerse monje mendicante y estudiar con un maestro. El maestro, que es tejedor, se niega a aceptarle, en vista de su condición regia. Este último insiste argumentando que es un mendigo. El tejedor acaba por dejarse convencer y le permite quedarse con él. Durante cinco años, se dedica a limpiar las telas con humedad.

La mujer del maestro, apiadada de él, le dice un día a su esposo:

-Tu discípulo parece ser merecedor de la iluminación. Infúndele la sabiduría, eso es lo que el quiere.

-¡No está preparado! –le responde el tejedor.

-¡Claro que lo está! -replica la mujer-. ¡Estás equivocado!

-No. Cuando pase por debajo de tu ventana, arrójale la basura sobre la cabeza, ¡y verás!

Un poco más tarde, aprovechando que el discípulo pasaba por debajo de la su ventana, la mujer le arrojó el cubo de al basura sobre la cabeza. Cubiertos de desperdicios, el discípulo la mira con enojo y exclama:

-¡Si fuera rey, no me habrían hecho nunca una cosa así!

Entonces el maestro concluye:

-¡Como puedes ver, no está todavía preparado!

Cinco años más tarde, el maestro le hace saber a su mujer:

-¡Ahora mi discípulo está por fin preparado!

-¡Pero si está igual que antes!...

El discípulo pasa por debajo de la ventana, se ve cubierto de porquerías, levanta la cabeza y declara:

-¡Bendito sea aquel que me arrojó esta basura! Acabo de darme cuenta que mi espíritu está lleno aún de ella y he de liberarme de la misma.

Entonces, el maestro le dice:

-¡Ven ahora voy a iniciarte y luego regresaras a tu mundo que vas necesitar tu sabiduría!

Algún tiempo después, abandona e su maestro y a su vestimenta de mendigo regresa a su antiguo reino. Mientras está haciendo sus abluciones a orillas de un río, su primer ministro, que ha partido de caza, se cruza con él y le reconoce. Es un hombre bueno y fiel. Le dice al rey:

-Durante doce años, he cuidado de vuestros hijos, del palacio y de todos los asuntos del reino.

¡Regresad, oh rey mío! Vuestro es todo.

-¡Mira esa aguja! –le responde el rey –mendigo.

Saca una aguja, la arroja al río y luego le dice a su primer ministro:

-¡Ve a buscarla!

-¡Pero si ello es imposible!

-¿Por qué?

.Porque se la ha llevado la corriente. Necesitaría años para conseguir buscar por todo el río y aún así tengo mis dudas de que fuera a encontrarla algún día. Poseo un millón dl agujas en la capital.

¡Venid y os las daré todas!

-No. ¡No es esa la que yo quiero!

-¡Pero es imposible!

-¿Imposible mira?... ¡mira!

El rey ser inclina sobre la orilla del río. Canta una melopea misteriosa como saben hacer los gurús y, de pronto, un pececillo saca la cabeza del agua, con la aguja en la boca. Se la entrega al rey. Éste se vuelve entonces hacia su atónito ministro, le muestra la aguja y le dice:

-¡Ya lo veis! ¿Qué necesidad tengo yo de poseer un reino cuando he encontrado la vermad?

En los evangelios, se encuentra un pasaje titulado: El tributo del templo
(Mat. 17, 24-27), en el cual cristo actúa de manera bastante semejante a la de un pez:

Entrando en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los perceptores de la didracma y le dijeron: ¿Vuestro maestro no paga la didracma? Y el respondió: Cierto que sí. Cuando iba a entrar en casa, le salió Jesús al paso y le dijo: ¿Qué te parece Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quienes cobran excesos y tributos? ¿De sus hijos o de los extraños? Contestó él: De los extraños. Y le dijo Jesús: Luego los hijos están exentos (queriendo decir que, siendo hijos de Dios, no estaban obligados a pagar el tributo). Más para no escandalizarlos, vete al mar, echa el anzuelo y agarra el primer pez que pique, ábrele la boca, y en ella hallarás un estater, tómalo y dalo por y por ti.

El pez que lleva un tesoro en la boca hace pensar en aquel que trae un objeto precioso a petición del rey.

Pedro, como todos los apóstoles y como de costumbre, no tiene confianza en Jesús. Tendrán que presenciar el milagro de la resurrección para dejar de dudar y recibir la iluminación. El ego actúa del mismo modo. Mientras el ser esencial no es reconocido duda.

Cuando pedro llega al templo, los guardianes le preguntan si su maestro paga impuestos. Él asiente, pues no tiene confianza en Jesús. No se atreve a decir que su maestro no tiene por qué pagar, puesto que es el propietario del templo.4/P>

Jesús debe hacer un milagro para demostrar que es el propietario verdadero del reino, es decir, del reino interior. Y como tal, lo es también de sus profundidades, así como el tesoro enterrado y del mensajero (pececillo). Este pececillo existe en cada uno de nosotros.

Nosotros somos el apóstol que no tiene confianza, el cristo propietario del reino, el pececillo y también l amoneda que es nuestra verdad oculta.

¿Cuál es el significado de esta historia? Este pasaje de los evangelios , bastante desconocido, se asemeja a un cuento de hadas.

Este pececillo debe de ser maravilloso. El hecho que muerda el anzuelo parece algo cruel, pero, bien pensado, este anzuelo simboliza una búsqueda voluntaria. Arrojas un anzuelo dentro de ti mismo.

Si no te decides a buscar en ti mismo, no encontrarás nunca la fuente. No me refiero a la fuente de tus dolores sino a la de tu tesoro, pues estamos en posesión de un tesoro. Para encontrarlo por una parte, es primordial la fe y, por otra, es preciso renunciar a ciertas cosas. Igual como hace este rey. Es preciso tener también el valor de arrojar la aguja al río, el pensamiento al inconsciente. Hay que tener este valor, atreverse a rebasar las barreras, a ir más allá de todas esas frases que nos frenan, como por ejemplo: “No consigo caer. Estoy bloqueado”, buscar profundamente en uno mismo y saber que ese pececillo, es decir, esta conciencia, se verá enriquecida.

El rey de esta historia le hace a su ministro:

-¿Qué iba hacer yo con vuestro reino puesto que he regresado ahora a la corte de Señor que reina sobre todos los universos, los mundos y los infiernos y que manda sobre todos los seres animados que en ellos habitan? ¡Os lo ruego, idos y haced lo que os plazca! No tengo ye el menor interés por vuestro reino.

Dicho de otro modo, no estoy interesado por un reino que sea exterior a mí, porque he descubierto el mío y he encontrado en él un tesoro.

Poema Cuéntame Un Cuento, Madre… de Marilina Rebora

Madre: cuéntame un cuento de ésos que se relatan
de un curioso enanito o de una audaz sirena;
tantos que de los genios maravillosos tratan.
Esas lindas historias que conoces. ¡Sé buena!

Dime de caballeros que a princesas rescatan
del dominio de monstruos ?dragón, buitre, ballena?;
donde nadie se muere y los hombres no matan,
historias en países que no saben de pena.

Cuéntame un cuento, madre, que me quiero dormir
escuchando tu voz, asido de tu mano;
como Hansel y Gretel, seré en sueños tu hermano,
aunque en sombra andaremos tras de la misma senda
y escribiremos juntos nuestra propia leyenda,
y, tal vez, como chicos, dejarás de sufrir.

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