Aprende a diferenciarla y a decir NO
Un rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando una pipa.
- ¿Por qué no has salido a pescar? - le pregunto el industrial.
- Porque ya he pescado bastante hoy - le respondió el pescador.
- ¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas? - insistió el industrial.
- ¿Y qué iba a hacer con ello? - preguntó a su vez el pescador.
- Ganarías más dinero - fue la respuesta - De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas... y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico, como yo.
- ¿Y qué haría entonces? - preguntó de nuevo el pescador.
- Podías sentarte y disfrutar de la vida - respondió el industrial.
- ¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento? - respondió el satisfecho pescador
Decía un Maestro a sus discípulos:
- Un hombre bueno es aquél que trata a los otros como a él le gustaría ser tratado. Un hombre generoso es aquél que trata a otros mejor de lo que él espera ser tratado. Un hombre sabio es aquél que sabe cómo él y otros deberían ser tratados, de qué modo y hasta qué punto. Todo el mundo debería ir a través de las tres fases tipificadas por estos tres hombres.
Alguien le preguntó:
-¿Que es mejor: ser bueno, generoso o sabio?
- Si eres sabio, no tienes que estar obsesionado con ser bueno o generoso. Estás obligado a hacer lo que es necesario
Un discípulo preguntó a Hejasi: Quiero saber qué es lo más divertido de los seres humanos.
Hejasi contestó: "Piensan siempre al contrario".
- Tienen prisa por crecer, y después suspiran por la infancia perdida.
- Pierden la salud para tener dinero y después pierden el dinero para tener salud.
- Piensan tan ansiosamente en el futuro que descuidan el presente, y así, no viven ni el presente ni el futuro.
- Viven como si no fueran a morir nunca y mueren como si no hubiesen vivido."
Como yugo de apretado, tengo el puño esperanzado,
Por que todo cambiará.”
Dos hermanos tenían algún dinero ahorrado y pensaban cómo emplearlo para asegurar su futuro. Al recorrer un camino que no conocían vieron un plantío de vides que estaba a la venta.
Parecía abandonado. Llamaron a la puerta de la casa contigua y conversaron con el dueño.
—¿Por qué lo vende? —preguntaron.
—Lo compré hace tiempo porque decían en el pueblo que aquí estaba escondido un tesoro. Lo busqué pero no lo encontré. Me aburrí, me quedé sin dinero y ahora quiero irme a probar fortuna en otra parte, allá cruzando las montañas.
—¿Si compramos el plantío y lo hallamos será nuestro?—Dudo que aparezca, pero hagamos el trato.
Los hermanos llevaron la suma y, a cambio, recibieron la propiedad. Cuando tomaron posesión de ésta, todas las plantas estaban marchitas. La tierra que las rodeaba era seca, lisa y compacta.
—Bueno, manos a la obra —exclamaron y se pusieron a trabajar desde el primer día. Comenzaban cuando salía el sol, y acababan cuando éste se ponía.
Retiraron toda la basura y hojas secas acumuladas. Humedecieron la tierra para que se aflojara. Después empezaron a cavar con sus palas. En los primeros dos meses abarcaron apenas la mitad. El tesoro no aparecía y ellos siguieron buscando.
Pasó más tiempo sin que tuvieran éxito. Pero notaron que algo estaba cambiando. Por una parte, se habían vuelto más fuertes. No experimentaban la fatiga de los primeros días, además, sus brazos y manos ya eran poderosos. Por otro lado, al recibir agua suficiente y extender sus raíces por la tierra floja, las vides comenzaron a dar grandes racimos de uvas.
Había transcurrido un año. Un día se les ocurrió llevar las uvas al mercado y lograron venderlas bien. Pronto todos buscaban su fruta para preparar jaleas y mermeladas. Recuperaron el costo del plantío, y siguieron ganando más a lo largo de los años. Con el tiempo supieron cuál era el tesoro oculto en aquel terreno: la recompensa al esfuerzo continuo.
—Cuento tradicional
Pero aquel año, la sorpresa fue mayúscula. Cada uno recibió alguno de los encargos habituales, como preparar los libros o la radio para las clases, avisar de la hora, limpiar la pizarra o cuidar alguna de las mascotas. Pero el encargo de Rita fue muy diferente: una cajita con arena y una hormiga. Y aunque la profesora insistió muchísimo en que era una hormiga muy especial, Rita no dejó de sentirse desilusionada.
La mayoría de sus compañeros lo sintió mucho por ella, y le compadecían y comentaban con ella la injusticia de aquella asignación. Incluso su propio padre se enfadó muchísimo con la profesora, y animó a Rita a no hacer caso de la insignificante mascotilla en señal de protesta. Pero Rita, que quería mucho a su profesora, prefería mostrarle su error haciendo algo especial con aquel encargo tan poco interesante:
- Convertiré este pequeño encargo en algo grande -decía Rita.
Así que Rita investigó sobre su hormiga: aprendió sobre las distintas especies y estudió todo lo referente a sus hábitat y costumbres, y adaptó su pequeña cajita para que fuera perfecta. Cuidaba con mimo toda la comida que le daba, y realmente la hormiga llegó a crecer bastante más de lo que ninguno hubiera esperado...
Un día de primavera, mientras estaban en el aula, se abrió la puerta y apareció un señor con aspecto de ser alguien importante. La profesora interrumpió la clase con gran alegría y dijo:
- Este es el doctor Martínez. Ha venido a contarnos una noticia estupenda ¿verdad?
- Efectivamente. Hoy se han publicado los resultados del concurso, y esta clase ha sido seleccionada para acompañarme este verano a un viaje por la selva tropical, donde investigaremos todo tipo de insectos. De entre todas las escuelas de la región, sin duda es aquí donde mejor habéis sabido cuidar la delicada hormiga gigante que se os encomendó. ¡Felicidades! ¡Seréis unos ayudantes estupendos!.
Ese día todo fue fiesta y alegría en el colegio: todos felicitaban a la maestra por su idea de apuntarles al concurso, y a Rita por haber sido tan paciente y responsable. Muchos aprendieron que para recibir las tareas más importantes, hay que saber ser responsable con las más pequeñas, pero sin duda la que más disfrutó fue Rita, quien repetía para sus adentros "convertiré ese pequeño encargo en algo grande" .
http://cuentosparadormir.com
En una ocasión, el mago tuvo que salir a un largo viaje en busca de plantas para una fórmula secreta. Antes de partir le hizo recomendaciones a Daniel: no debía abrir la torre donde él trabajaba, ni tocar sus libros. También le encargó que limpiara algunas habitaciones del castillo.
—Es una gran responsabilidad, pero sé que podrás cumplirla —le dijo.
Los primeros días Daniel siguió las instrucciones. Pero dos semanas después comenzó a sentir fastidio por las tareas de limpieza. Así que una tarde subió a la torre. Sobre la mesa halló el libro con las anotaciones del mago. Emocionado por pensar podía ser un hechicero, se puso la túnica de éste y, subido en un banquito de madera, comenzó a leer. No entendía las palabras, pero las pronunció en voz alta sin darse cuenta que eran mágicas. De repente, la escoba y el balde se presentaron y se pusieron a sus órdenes.
Daniel se asustó un poco, pero pensó aprovechar la situación. Para limpiar tenía que cargar agua, y le daba flojera. Así que les dio instrucciones de hacerlo.
El balde y la escoba iban y venían, iban y venían. Después de algunas vueltas ya había agua suficiente y Daniel les pidió que no trajeran más. Pero como sólo entendían palabras mágicas no le hicieron caso y siguieron trabajando.
Al cabo de un rato el agua cubría el piso y corría escaleras abajo. Llenó las habitaciones e inundó el castillo pero el balde y la escoba no se detenían. El líquido le estaba llegando al cuello y los objetos del laboratorio flotaban a su alrededor. “¡Auxilio!” gritó el joven aprendiz.
En ese instante apareció el brujo. Vio lo que estaba pasando y pronunció las palabras necesarias para resolverlo. El hechizo se detuvo y pronto todo estuvo bajo control. Instantes después el mago reprendió a Daniel: “Antes que aprender magia y hechicería, tienes que aprender a cumplir con las responsabilidades que se te encomiendan”.
—Adaptación de la balada El alumno de magia de Johann Wolfgang von Goethe Fuente: www.valores.com.mx
José entró al bar pegando un portazo. Acababa de salir de la oficina a las corridas para encontrarse con Carlos. Apenas se sentó le dijo: - No aguanto más este trabajo, lo odio, no aguanto al jefe, no lo soporto. Es como si todo el mundo conspirara en mi contra. Además, con lo que gano no me alcanza para vivir, y ni siquiera tengo tiempo para mí. Tomó una respiración profunda y siguió: - Tiraría todo a la basura, quiero escapar de todo esto, tengo que dejar este empleo que me está matando, yo tendría que estar haciendo otra cosa, no se qué pero otra actividad. Esto se ha convertido en un infierno - y golpeó con el puño en la mesa, mientras se movía tratando de liberarse de algo invisible que lo sumergía. Finalmente se dejó caer vencido en la silla y dijo: - Pero no puedo hacerlo, necesito ese dinero, necesito seguir trabajando. - ¿Desde dónde hablas? - preguntó Carlos. José tomó una respiración profunda, se serenó un poco y dijo: - Discúlpame, la verdad es que te estoy hablando desde mi bronca y mi impotencia por no poder cambiar mi realidad. - ¿No será, en cambio, que hablas desde algún lugar más profundo?. Pues yo percibo en tus palabras, atrás de esa bronca e impotencia, las causas de tu mal y al encontrar las verdaderas causas podrás descubrir las soluciones a tus problemas. Es como si hablases para ti, pero no pudieses escucharte. - ¿Te parece? Yo creía que solamente estaba protestando un poco, desahogándome. En ese caso ayúdame a aclararme -y José se distendió un poco en su silla. Carlos se inclinó hacia atrás y dijo: - Pero, antes que entremos a analizar cómo quedaste atrapado en este trabajo y sin posibilidades de salir, sería importante que te des cuenta qué tienes que ver tu en esto -hizo una pausa y agregó- Porque es como si te estuvieses rebelando contra el mundo, en vez de mirar cuál es tu propia parte en el desorden del que te quejas. Aceptar la responsabilidad de lo que te está pasando. José se irritó. - ¿Qué, ahora la culpa la tengo yo?. ¿No te das cuenta de que en este país no se puede hacer nada?. ¿No lees los periódicos? -luego revolviendo con la cuchara el café como buscando algo dijo en un tono lastimoso- La economía del país me deprime; yo, como muchas personas estamos mal porque el éxito no depende de nosotros, depende de cosas externas, de índole económica: los fantasmas del desempleo, de la recesión, entre otros muchos -y movió su mano delante de su cara como si quisiera alejar a estas negras figuras de su entorno. Luego agregó- Y entonces perdemos la esperanza, las ganas de hacer cosas. - Aunque todavía no lo veas, sí tienes responsabilidad en lo que te pasa -insistió Carlos, y prosiguió- Pero vamos de a poco; cuéntame cómo es tu jornada. Balbuceando José comenzó el relato. - Y, yo me levantó a las 7 de la mañana, y estoy en la empresa de 8.00 a 17.00 horas, con una hora para almorzar, luego voy a casa, veo un poco de TV, ceno y cerca de las diez de la noche estoy tan agotado que me voy a dormir, para levantarme al día siguiente, cansado y de mal humor. - ¿Y el fin de semana, cómo es? -preguntó Carlos. - Los Sábados y Domingos me levanto tarde, hago algunas compras, duermo la siesta, a veces juego un poco al fútbol, veo TV y estoy un rato en familia y ya, cuando me doy cuenta, el Domingo se terminó y es otro Lunes agobiante. - ¿Y no podrías crear algunas horas para otro proyecto de vida, para hacer algo que realmente sea tu autorealización? - insinuó Carlos. - ¿Autorealización?. ¿Qué es eso?. - Sí, autorealización, hacer lo que realmente sea un proyecto de vida para ti. Salirte de la dualidad del ocio y del negocio. - ¿De qué hablas?. - En la antigua roma se conocía la palabra "Ocio", con el significado que hoy le damos, también existía el Negocio, que se formaba con las palabras "nec ocio" y que significaba la negación del ocio, lo que hoy llamamos trabajar para ganar dinero. A partir de esa época avanzamos y quedamos atrapados en esa dualidad de Ocio o Negocio, una cosa u otra, en ese camino de vivir se olvidó la tercera opción: autorealización, quizás el sueño de juventud, hacer algo que sea ocio y negocio al mismo tiempo, algo que sea la síntesis de ambos. De modo tal que en la profesión que elijas ejercer, sientas que el deber es placer y el trabajo es un juego. Imagínate que tu apertura hacia la abundancia del universo la realices a través de está síntesis. ¿No sería maravilloso?. - Mira Carlos, ni tengo un proyecto de autorealización como dices, ni me voy a poner a pensar en eso, pues no tengo tiempo, y no me vengas con esas historias tuyas de que todos tenemos la misma cantidad de tiempo por semana ¿cuánto era que decías?. ¡Ah, sí!, 168 horas por semana, y eso que dices de que "esa cantidad de tiempo la tiene en igual cantidad el rico y el pobre", son cosas teóricas, no prácticas, de la vida real, de la de todos los días, de las que te dan de comer. Carlos dijo mientras hacía con su birome unas cuentas en una servilleta: - Tu afirmas que trabajas 8 horas por día, cinco días a la semana, o sea 40 horas semanales, y esa actividad la realizas en algo que no te gusta, en una función que te agota, te pone de mal humor. Cuarenta horas que son un castigo para ti... -Carlos hizo una pausa y luego preguntó- ¿Sabes por qué durante la segunda guerra mundial, en Londres ciertos empleados del estado mayor de las fuerzas armadas, trabajaron en jornadas de 14 a 17 horas diarias, 7 días a la semana , metidos en un sótano, sin luz natural, sin servicios sanitarios adecuados, durante más de tres años, o sea a razón de 98 y hasta 119 horas por semana?. - No, no lo sé, ni me lo imagino - dijo José refunfuñando. - Pues esos empleados tenían en claro su objetivo: estaban luchando por ganar una guerra, por defender sus ideales de vida y a su familia -Carlos se movió hacia atrás, como queriendo relajar su cuerpo, e inquirió- ¿No sería distinta tu vida si empezaces a luchar tu propia guerra y pusieses la energía que te está sobrando, en vez de ver televisión, en usarla en lo que realmente te gusta, como lo hacía el famoso pintor Picasso que, cuando quería descansar, se ponía justamente a pintar?. El tener un objetivo valioso hace a la diferencia y te da el motor para ocuparte de tu vida, hacerte cargo de tu ser, de tener poder sobre ti. No digo que dediques 119 hora, ni siquiera 98, pero te das cuenta qué lejos estás con esas 40 horas, como para decir que no tienes tiempo. - Pero, -protestó José- ¿qué pretendes, que me convierta en un adicto al trabajo?. - Es cierto, se habla de que el trabajo es una adicción que hay que evitar. Que si supera cierto tope, cierto límite en la cantidad de horas trabajadas, eres un adicto al trabajo. Pero yo no puedo pensar que dedicar la vida a cumplir el objetivo para el cual viniste a este planeta, o sea tu autorealización, sea una adicción, ni que se deba llamar trabajo. Es más, creo que Jesús tenía una actividad de día completo, siete días a la semana, y no sé de nadie que lo haya tildado de "adicto al trabajo" y que le hayan sugerido que trabajase menos y que se ocupase de otros intereses. Lo que no tienes, José, es el motivo suficiente para pasar esa barrera imaginaria que te has puesto respecto a tus tiempos. Si lo descubrieses, al mismo tiempo descubrirías el poder que hay en ti. Y el poder puede ser definido como la capacidad para transformar la realidad. Tu puedes transformar tu realidad, tu puedes salir de la trampa en la que te metiste, salir de este trabajo que te atrapa, esa es tu responsabilidad en todo esto. - Pero yo tengo un nivel de gastos, un nivel de vida que no puedo bajar, yo vivo al día -dijo José a modo de disculpa. - O sea que la excusa es que no puedes dejar el empleo, porque necesitas ese ingreso ¿no es cierto?. - No es una excusa -se defendió José, y agregó- pero, si espero unos años seguramente mi jefe se jubilaría, me darían su puesto, y yo tendría otro nivel de ingresos y entonces podría... Carlos lo interrumpió: - No te engañes, si no haces un cambio interior, no importa cuanto ganes, no importa cuanto esperes, no llegarás nunca a estar en paz contigo. No te das cuenta -prosiguió Carlos- que con el nivel de gastos que tienes actualmente, has invertido los roles de tu vida: En vez de hacer lo que te gusta, de autorealizarte y luego gastar en consecuencia, haz quedado atrapado en una estructura de gastos que te obliga a trabajar en lo que no te gusta. Luego, haciendo como si recapacitase respecto a los argumentos que había escuchado de José, dijo calmadamente: - En parte tienes razón, al día de hoy no puedes prescindir de ese trabajo ni del ingreso que te proporciona, por lo tanto no es necesario que cambies ya de empleo. - No entiendo -dijo José- ¿qué me estás proponiendo?. - Pues que podrías tener dos actividades como fue el caso de Baruch Spinoza, uno de los grandes filósofos, que vivió allá por el siglo XVII, y que durante una época de su vida vivió ganándose el sustento diario con el ejercicio de su profesión de óptico y pulidor de lentes, y así pudo dedicarse libremente a sus meditaciones especulativas. Dedicando sólo cierta cantidad de horas a "trabajar". Eso sí, si eliges hacer como él, debes cambiar tu actitud respecto al empleo actual. Debes empezar a agradecer al universo la actual fuente de tus ingresos, agradecer lo que tienes para luego tener más. Darte cuenta que a través de la bronca con tu trabajo, o con tu jefe, o con todos, no vas a arreglar nada, solo consumir en pocos minutos la energía que deberías usar luego para tus verdaderos intereses -Carlos tomó un poco de café y continúo- Cuentan que Sócrates, durante una guerra, tuvo que participar en distintos combates. El era un filósofo, pero en vez que quejarse, de protestar, o de esconderse durante la batalla, eligió luchar valientemente. Luego cuando regresó a su ciudad volvió a sus actividades, y sin quejarse de la experiencia que tuvo que vivir, siguió filosofando. O sea, dio lo mejor de sí, en cada situación de su vida. Pregúntate, entonces, mientras aún eliges estar en este empleo, si cumples con tus deberes, si das lo mejor de ti. Vamos ahora a otro tema: ¿que trabajo o profesión quieres hacer?. José carraspeó un poco y dijo, dudando: - Bueno, en realidad quiero cambiar de empleo, pero no sé realmente que trabajo querría hacer. Es que no estoy muy decidido respecto a lo que me gustaría hacer. Carlos frunció el entrecejo y dijo con voz cortante: - "Si no sabes donde quieres ir no importa qué camino tomes". - Bueno -dijo José reaccionando- creo que quisiera ser Asesor de seguros, es una vida fácil y se gana bien. - Entonces apliquemos, a este empleo el test del jubilado -replicó Carlos sonriendo. - ¿Cómo es eso? -preguntó José intrigado. - Es simple; tienes que imaginarte que estás trabajando de lo que elegiste, en este caso "asesor de seguros", ¿puedes imaginarlo?. - Si, me estoy viendo. - Bueno ahora visualiza que te llegó la edad para jubilarte y que vas a percibir una jubilación muy importante que te permite vivir holgadamente, ¿te puedes ver?. - Si. Carlos esperó que José recreara bien esa imagen, y luego preguntó de golpe: - ¿Qué haces: sigues trabajando o te conviertes en un jubilado?. - Me convierto en un jubilado, por supuesto, -contestó de inmediato José, alegre con la visualización- y me dedico a disfrutar de la vida. - Entonces, -dijo Carlos secamente-, "el test" dice que no elegiste bien la profesión, pues cuando la eliges correctamente la ejerces con tanto amor, que aunque cobrases una gran jubilación, la seguirías haciendo de por vida, e incluso gratis. Yo no me imagino a Leonardo Da Vinci dejando "su profesión" para jubilarse y "disfrutar de la vida". Esto hizo que el sueño de José se disolviese en el aire y lo trajese de nuevo a la realidad. - Otro problema tengo ahora -dijo quejándose de tanta tarea- Tengo que descubrir cuál es la profesión que soporta el "test del jubilado". Luego lo pensó un poco y dijo: - Pero, de todos modos, si hago este cambio de trabajo, cuando logre materializar mi objetivo tendré como cincuenta años. Carlos tomó una respiración profunda, buscando tener paciencia y le dijo: - Leí que, una vez a una persona de 35 años le propusieron hacer una carrera universitaria, y el pensó que tardaría no menos de 10 años en terminarla, y que entonces se recibiría recién a los 45 años, lo que la desanimó. La otra persona luego de escucharla le contestó: igual vas a tener algún día 45 años y la diferencia va a ser que tengas un título universitario o no. La persona hizo la carrera. Tu caso es similar, un día tendrás cincuenta años, y la diferencia estará entre seguir haciendo esta vida o hacer la que realmente quieres. Una vez, a un boxeador, en una pelea muy importante, de una trompada, lo tiraron al piso del ring; en ese momento, él tuvo que elegir entre dos opciones, seguir tirado en el piso lamentándose del golpe, o levantarse y seguir peleando. Si sigues trabajando en lo que no te gusta, del modo en que lo haces, es como si creyeses que la vida te golpeó y te arrojó al piso, y entonces ante ti se presentan las dos opciones; o te quedas tirado mirando televisión y quejándote de tu empleo, o te levantas y luchas para autorealizarte. Un gran filósofo, dijo una vez que en una simple "bellota" estaba contenido "un roble". Carlos hizo una nueva pausa, miró a José a los ojos y le dijo: - Deja de ser una bellota que se marchita al ras del piso, descubre el roble que hay en ti, crece, hunde profundamente las raíces en la tierra, y luego dirígete naturalmente hacia arriba, en una actividad de tiempo completo, y entonces, sin esfuerzos, sentirás que tus ramas están cada vez más cerca del cielo. Cuentan que lo más importante de esa charla de café terminó ahí. Cuentan que José estuvo sometiendo distintas profesiones y actividades al "test del jubilado". Cuentan que durante un tiempo siguió trabajando en la empresa, se lo veía distinto, alegre al trabajar. Cuentan que tenía mucha energía y que parecía que, por todo lo que hacía, disponía de un día de 30 horas. Cuentan muchas cosas de José. Pero lo qué más cuenta, es que cuentan que fue feliz. |
| Autor: Dr. Dino Ricardo Deon Extraído del libro "Los cuentos de Dino". |
Después de escuchar este cuento, pregúntate: ¿el perro está animado por buenas intenciones desinteresadas o más bien por el interés de no arriesgar consecuencias negativas por la pelea de las lagartijas (como efectos colaterales globales de la fechoría local)? Como puedes ver, es imposible decidir, y no tiene ninguna importancia decidir. Es irrelevante saber los motivos que animan a las personas cuando cuidan de la morada común (Ethos), lo único importante es que cuiden efectivamente la morada común. ¿Por qué? porque el problema no es de saber si estas personas SON buenas o no (problema de primera generación, de por sí imposible de resolver e irrelevante) sino sólo de saber si la morada está cuidada (si las acciones de cuidado están BIEN). Es pues un problema de ética política (hacer las cosas bien) y no de ética personal (ser bueno).
Por culpa de una ética centrada en el irrelevante problema metafísico (es decir vano y sin solución) de la buena voluntad personal, hemos pasado siglos en blablabla ético-religioso y en acciones perfectamente ineficaces para el cuidado de la casa común, porque sólo se cuidaba de las buenas intenciones pulcras y de los efectos directos puntuales de la acción moral. El resultado fue (1) la reducción de la ética a la beneficencia puntual filantrópica, algo así como llevar un vaso de agua al desierto y pretender así regarlo (o bien plantar un solo árbol en el desierto y felicitarse por lo bueno que es uno); (2) el descuido total de la morada común, de los impactos colaterales de la suma de las acciones individuales, lo que nos conduce hoy a los riesgos de inhabitabilidad general del globo terrestre; (3) la separación tajante entre ética y eficacia, buena voluntad y estrategia política, blablabla ético-filosófico y ciencia.
Si seguimos hoy con este exclusivo enfoque de primera generación que provoca POR DEFINICION estos 3 efectos colaterales dañinos, podemos esperar efectivamente que nuestras "buenas intenciones" terminarán llevandonos al infierno. Recién a partir del final del siglo XVIII se inventó un modo de instituir una primera ética política a la vez justa y eficaz: los Derechos Humanos y el sistema democrático (división de los poderes, transparencia de los actos públicos, vigilancia ciudadana, negociaciones colectivas, etc.), lo que yo llamo "ética de segunda generación". Hoy sabemos que no es suficiente, que incluso una sociedad justa y desarrollada puede ser insostenible. Razón por la cual hay que inventar una segunda generación de ética política eficaz: es la Responsabilidad Social de las organizaciones concebida como gestión de todos los impactos colaterales de la actividad colectiva. Basada en el principio complejo de la "ecología de la acción" (Edgar Morin), esta nueva ética, de tercera generación, tiene características nuevas que nos alejan mucho de un paradigma mental de primera generación, por lo que no es fácil en el inicio acostumbrarse a pensar de otro modo. Pero es necesario, urgente y posible. ¡Trata! y verás que, efectivamente, no importa para nada las intenciones que animan al perro, sino sólo separar a las lagartijas.
Mitakuye Oyasin!
http://www.responsables.biz/editoriales/Accion-Social-la-parte-por-el-todo
La Responsabilidad Social es en verdad un nuevo modelo de gestión organizacional, aplicable a cualquier tipo de organización, y
que se centra en el tema de la gestión de los impactos que una organización genera
, a corto y largo plazo, en el campo social y medioambiental, y que afectan a un sin número de grupos de interés (stakeholders) internos y externos de dicha organización. Esto no es una afirmación de François Vallaeys sino de la misma
ISO 26000
"Responsabilidad de una organización por los impactos de sus decisiones y actividades sobre la sociedad y el medio ambiente, a través de un comportamiento ético y transparente que:
- sea consistente con el desarrollo sostenible y el bienestar de la sociedad;
- tome en cuenta las expectativas de las partes interesadas (stakeholders);
- esté en conformidad con la legislación vigente y congruente con las normas de conducta internacionales; y
- sea integrada en toda la organización y practicada en todas sus relaciones.”
El texto precisa además que las “actividades” de la organización incluyen sus productos y servicios, “esfera de influencia” y responsabilidad en la cadena de producción. Es decir que, por ejemplo, una organización no sólo es responsable de lo que ocurre en ella, sino también en la cadena de sus proveedores.
En esta definición de Responsabilidad Social de la ISO 26000, es importante subrayar que el corazón de la definición se centra en la responsabilización por los impactos, poniendo a las expectativas de los stakeholders como subtema. Es un punto importante en el cual todavía muchos organismos de Responsabilidad Social no tienen claridad: responder a las expectativas de los stakeholders (las partes interesadas) es un medio para alcanzar el fin que es la gestión ética de los impactos para el desarrollo sostenible y el bienestar social. No puede ser considerado este medio como fin en sí mismo por la razón siguiente: "Quien no llora, no mama”.
Este dicho popular nos permite entender el peligro detrás de la gestión de la relación con los stakeholders: el peligro de atender solamente a los grupos de interés que son suficientemente fuertes para hacer presión sobre la organización, dejando a los débiles abandonados. Sabiendo que los más marginados y las generaciones futuras serán siempre por definición los que griten menos para reivindicar sus derechos, no podemos definir exclusivamente la Responsabilidad Social en términos de atención a los stakeholders, sino que ésta debe de ser orientada por la brújula de la gestión de impactos: DEBEMOS gerenciar los impactos de nuestras organizaciones de tal modo que se asegure la sostenibilidad de nuestro mundo, a nivel social y ambiental. Que exista o no un stakeholder para reivindicarlo, debemos igual hacer lo que hay que hacer.
En conclusión, la definición general de la Responsabilidad Social ya existe, y es consensuada entre todas las partes de la sociedad civil mundial. Nadie puede pretender que no está enterado. En el pequeño mundo de marfil de las Universidades, debemos de ponernos al día:
- abandonar la estrecha visión de la “Extensión solidaria” como única expresión de la Responsabilidad Social Universitaria,
- acabar con el blablá de la “autonomía universitaria” que funciona sobre todo ahora como buen pretexto para seguir siendo una institución medieval en pleno siglo XXI y no rendir cuentas a nadie,
- operar un cambio drástico de política institucional y académica,
- no buscar más definiciones autistas e idiosincrásicas demasiado cómodas de “RSU” (o peor aún, de “compromiso social”, una borrosa noción que no contempla ninguna rendición de cuentas a nadie) que nos ahorren el esfuerzo de cumplir con las cada vez más exigentes normas y certificaciones internacionales.
Hay que empezar a decir francamente lo que se hace (ser transparente), y hacer lo que se dice (ser congruente), siguiendo a los estándares internacionales (Derechos Humanos, Convenciones de la OIT, Pacto Global, Protocolo de Kyoto, etc.).
Como lo dice EMSU: Environmental Management for Sustainable Universities, que es una red que organiza conferencias internacionales para explorar el papel de las universidades en la creación de nuevos conocimientos y actitudes para afrontar las presiones ambientales actuales, y promover un intercambio bidireccional de conocimiento entre universidades y sociedad:
“Universities as ivory towers isolated from society are anachronistic, irrelevant and wasteful of time and resources needed for creating solutions for sustainability. The dogmatic days of academic freedom and tenure are dead. Universities must build bridges to serve local communities directly with knowledge-based products and services, and to lead by example in campus operations and culture to create sustainable solutions.”
http://emsu.org
¡Está tan bien dicho que no da ganas de traducirlo!
Mitakuye oyasin
François Vallaeys
http://blog.pucp.edu.pe
El sol del verano ardía sobre el campo. La cigarra cantaba a toda voz en las largas horas de la siesta, tranquilamente sentada en una rama.
Comía cuando se le antojaba y no tenía preocupaciones.
Entretanto, allá abajo, las hormigas trabajaban llevando la carga de alimentos al hormiguero.
Terminó el verano, quedaron desnudos los árboles y el viento comenzó a soplar con fuerza. La cigarra sintió frío y hambre. No tenía nada para comer y se helaba. Entonces fue a pedir auxilio a sus vecinas, las hormiga. Llamó a la
puerta del abrigado hormiguero y una hormiga acudió. La cigarra le pidió comida.
_ ¿Por qué no guardaste en el verano cuando abundaba? ¿Qué hiciste? _ le preguntó la hormiga.
_ Cantaba _respondió la cigarra.
_¿Mientras yo trabajaba? ¡Pues ahora baila!_ dijo la hormiga dándole con la puerta en las narices.
Debemos ser prevenidos y pensar en el futuro, para no vernos luego en dificultades.
ESOPO




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