¿Cómo es que usted se inició en la vida espiritual? — le preguntó uno de los discípulos al maestro sufí Shams Tabrizi.
— Mi madre decía que yo no estaba lo suficientemente loco como para internarme en un hospicio, ni era lo suficientemente santo para entrar en un monasterio — respondió Tabrizi —. Entonces, decidí dedicarme al sufismo, donde aprendemos a través de la meditación libre.
— ¿Y cómo le explicó eso a su madre?
— Con la siguiente fábula: “Alguien le acercó un patito a una gata para que lo tomara a su cargo. Este seguía a su madre adoptiva por todas partes, hasta que un día, ambos llegaron frente a un lago. Inmediatamente el patito entró en el agua, mientras que la gata, desde la orilla, gritaba: ‘¡Sal de ahí! ¡Te vas a morir ahogado!’. Y el patito respondió: ‘No, madre, descubrí lo que es bueno para mí, y esto es que estoy en mi ambiente. Voy a continuar aquí, aunque tú no sepas lo que significa un lago’.Cuento de la tradición sufí
Tiempo de morir
Ikkyu, el sabio zen, desde pequeño fue muy avispado. Su maestro poseía una preciosa taza de té, de rara antigüedad. Un día, a Ikkyu se le rompió accidentalmente. Oyendo los pasos del mentor que se acercaba, ocultó tras de sí los fragmentos. Cuando apareció, Ikkyu le preguntó:
— ¿Por qué hay que morir?
— Es lo natural — respondió el digno señor —. Todo debe morir y tiene un determinado tiempo de vida.
Entonces Ikkyu, mostrando el objeto despedazado, explicó:
— A tu taza le había llegado el tiempo de morir.
Despues de morir
El emperador le preguntó al maestro Gudo:
— ¿Qué le sucede a un hombre iluminado después de la muerte?
— ¿Cómo podría saberlo? —respondió Gudo.
— Porque usted es un maestro —contestó al emperador.
— Sí, señor —dijo Gudo—, pero no uno muerto.
Cuento de la tradición budista zen.
Gracias por los buenos momentos pasados,
gracias por los malos momentos pasados
Gracias por las sonrisas que me disteis,
gracias por las lagrimas que me hicisteis verter
Gracias por vuestro apoyo,
gracias por vuestra indiferencia
Gracias por ignorarme,
gracias por creer en mi
Gracias por todo lo que me enseñasteis
gracias por todas las lecciones que me hicisteis aprender
Gracias por vuestros animos
gracias por vuestras burlas
Gracias por el día y por la noche
Gracias por el sol y la luna
Gracias por el verano y por el invierno
El collar de perlas
Jenny era una linda niña de cinco años de ojos relucientes. Un día mientras ella con su mamá visitaban la tienda, Jenny vio un collar de perlas de plástico que costaba 2.50 dólares. ¡Cuánto deseaba poseerlo! Preguntó a su mamá si se lo compraría, y su mamá le dijo: Hagamos un trato, yo te compraré el collar y cuando lleguemos a casa haremos una lista de tareas que podrás realizar para pagar el collar, ¿está bien? Jenny estuvo de acuerdo, y su mamá le compró el collar de perlas.Jenny trabajó con tesón todos los días para cumplir con sus tareas.
En poco tiempo Jenny canceló su deuda. ¡Jenny amaba sus perlas! Ella las llevaba puestas a todas partes: al kinder, a la cama, y cuando salía con su mamá.Jenny tenía un padre que la quería muchísimo. Cuando Jenny iba a su cama, él se levantaba de su sillón favorito para leerle su cuento preferido.
Una noche, cuando terminó el cuento, le dijo: "Jenny, ¿tú me quieres?", "Oh, sí papá". "Entonces, regálame tus perlas," le pidió él. "¡Oh, papá! No mis perlas," dijo Jenny. "Pero te doy a Rosita, mi muñeca favorita. ¿La recuerdas?, tú me la regalaste el año pasado para mi cumpleaños. Y te doy su ajuar también, ¿está bien, papá?", "Oh, no hijita, está bien, no importa", dándole un beso en la mejilla. "Buenas noches, pequeña".
Una semana después, nuevamente su papá le preguntó al terminar el diario cuento: "Jenny, ¿tú me quieres?", "Oh, sí papá, ¡tú sabes que te quiero!", le dijo ella. "Entonces regálame tus perlas". "¡Oh, papá! No mis perlas; pero te doy a
Lazos, mi caballo de juguete. Es mi favorito, su pelo es tan suave y tú puedes jugar con él y hacerle trencitas". "Oh, no hijita, está bien," le dijo su papá en la mejilla, "Felices sueños."
Algunos días después, cuando el papá de Jenny entró a su dormitorio para leerle un cuento, Jenny estaba sentada en su cama y le temblaban los labios, "toma papá" dijo, y estiró su mano. La abrió y en su interior estaba su tan querido collar, el cual entregó a su padre.
Con una mano él tomó las perlas de plástico y con la otra extrajo de su bolsillo una cajita de terciopelo azul. Dentro de la cajita había unas hermosas perlas genuinas. Él las había tenido todo este tiempo, esperando que Jenny renunciara a la baratija para poder darle la pieza de valor. Esto me hace pensar las cosas a las cuales me aferro y me pregunto: ¿qué es lo que Dios me quiere dar en su lugar?
"Todo en exceso es malo; el equilibrio y la prudencia, hacen la diferencia"
que tu alma tenga siempre el poder del amor
y que en algún recodo del camino la vida
nos regale un encuentro"
(Bendición Celta)
HASTA SIEMPRE COMANDANTE...
La No violencia
Una serpiente había mordido a tantos habitantes de la aldea que eran muy pocos los que se atrevían a aventurarse en los campos. Pero era tal la santidad del Maestro, que se corrió la noticia de que había domesticado a la serpiente y la había convencido de que practicara la disciplina de la no violencia.
Al poco tiempo, los habitantes de la aldea descubrieron que la serpiente se había vuelto inofensiva. De modo que se dedicaron a tirarle piedras y a arrastrarla de un lado a otro, agarrándola por la cola.
El pobre y apaleado reptil llegó una noche hasta la casa del Maestro para quejarse. El Maestro le dijo:
— Amiga mía, has dejado de atemorizar a la gente y eso no es bueno.
— ¡Pero si fuiste tú quien me enseñó a practicar la disciplina de la no violencia!
— Yo te dije que dejaras de hacer daño, no de silbar.
La Serpiente
Un hombre estaba sentado en una piedra, contemplando su hogar desde lejos. Una gran preocupación se reflejaba en su cara y, seguramente por ella, no percibió al caminante que se aproximaba.
— ¿Qué te preocupa tanto? — le preguntó el recién llegado.
— Una serpiente entró en mi cabaña. Su presencia me aterra y estoy aqui sentado, esperando que se marche.
— ¿Y cómo puedo ayudarte?
— Mata tú a la serpiente y te daré una moneda.
El caminante entró en la cabaña y salió al poco rato con la serpiente viva en una bolsa. El hombre se asustó y le pidió que le explicara por qué no le había dado muerte.
— Matar a la serpiente no va a hacer que le pierdas el miedo.
El extraño ni siquiera pidió la moneda a cambio de su trabajo y continuó su camino, llevando consigo al reptil.
La araña
Mientras meditaba en su habitación, un discípulo creyó ver a una araña descendiendo frente a él. Cada día, la criatura amenazadora volvía, más y más grande.
Tan asustado estaba el estudiante, que fue a ver a su maestro para contarle el problema. Le dijo que planeaba colocar un cuchillo en su regazo durante la meditación. Así, cuando apareciera la araña, la mataría.
El maestro le desaconsejó este plan. En su lugar, sugirió que llevara consigo un pedazo de tiza y que, cuando apareciera la araña, le marcara una X en el vientre.
El discípulo regresó a la meditación. Cuando apareció nuevamente la araña, se resistió al impulso de atacarla e hizo lo que el maestro le había dicho.
Más tarde, fue a contarle lo sucedido. El hombre sabio le pidió que se levantara la camisa y mirara su propio vientre. Ahí estaba dibujada la X de tiza.Cuento de la tradición budista zen.
Detente
Había una vez un discípulo muy inquieto y activo en la búsqueda espiritual. Pero no lograba alcanzar la iluminación a pesar de sus esfuerzos. Desesperado, se dirigió al maestro y le dijo:
— Busco incansablemente el conocimiento pero jamás lo logro. ¿Qué puedo hacer?
— Puedes dejar de buscar. Cuanto más persigas a tu sombra, menos la alcanzarás. Hasta el riachuelo se detiene al llegar al océano. Hasta el caballo de carreras se detiene al llegar al establo. Hasta el tigre descansa al atardecer. ¡Detente!
— Pero, ¿no debo buscar la iluminación? —preguntó extrañado el discípulo.
— Detente y ella te buscará a ti.
El perfume de las flores
Un discípulo se quejaba a menudo de que su maestro no le explicaba bien las cosas.
Cierto día, mientras paseaban por el campo, el discípulo exclamó:
— ¡Qué perfume delicioso tienen estas flores!
Rápidamente, el maestro dijo:
— ¿Ves cómo no te oculto nada?
Cuento de la tradición budista zen.
La felicidad
Desesperado, el discípulo le dijo al maestro:
— Necesito que alguien me ayude o voy a volverme loco. Vivo en una pequeña habitación con mi mujer, mis hijos y mis parientes, de manera que tenemos los nervios a punto de estallar y no dejamos de gritarnos y de increparnos los unos a los otros. Aquello es un verdadero infierno.
— ¿Me prometes que harás lo que yo te ordene? — le dijo el maestro con toda seriedad.
— ¡Te juro que lo haré!
— Perfectamente. ¿Cuantos animales tienes?
— Una vaca, una cabra, seis gallinas….. y alguno más.
— Mételos a todos en la habitación y vuelve dentro de una semana.
El discípulo se horrorizó, pero había prometido obedecer. De modo que lo hizo y regresó al cabo de una semana quejándose desconsoladamente:
— ¡Vengo hecho un manojo de nervios! ¡Qué suciedad, qué peste, qué ruido! ¡Estamos todos a punto de volvernos locos!
— Mete ahora el perro y el caballo y vuelve dentro de una semana.
Cuando el hombre regresó, ya no podía más. Su situación era insoportable.
— Ahora vuelve — dijo el maestro —, y saca a todos los animales afuera.
El hombre se marchó a su casa corriendo y regresó al día siguiente radiante de alegría:
— ¡Qué felicidad! Han salido todos los animales y aquello es ahora el paraíso. ¡Qué tranquilidad, qué limpieza, qué amplitud!
Cuento de la tradición taoísta.
La cuchara
Un estudiante de Zen se quejaba de que no podía meditar: sus pensamientos no se lo permitían. Habló de esto con su maestro diciéndole:
— Maestro, los pensamientos y las imágenes mentales no me dejan meditar. Se van unos segundos y luego vuelven con más fuerza. No me dejan en paz. Entonces, el maestro le dijo:
— Bien. Aferra esta cuchara y tenla en tu mano. Ahora siéntate y medita.
El discípulo obedeció y, al cabo de un rato, el maestro le ordenó:
— ¡Deja la cuchara!
El alumno así lo hizo y la cuchara cayó al suelo. Miró a su maestro con estupor y éste le preguntó:
— Entonces, ahora dime quién agarraba a quién, ¿tú a la cuchara o la cuchara a ti?
Cuento de la tradición budista zen.
Es maravilloso Señor:
Tener los brazos abiertos, cuando hay tantos mutilados.
Que mis ojos vean, cuando hay tantos sin luz.
Que mis manos trabajen, cuando hay tantas que mendigan.
Que tenga salud, cuando hay tantos enfermos.
Que tenga seres queridos, cuando hay tantos solitarios.
Que mi voz cante, cuando hay tantas que enmudecen.
Que maravilloso Señor:
Tener abrigo, techo y sustento, cuando hay tantos en la calle.
Es maravilloso volver a casa, cuando hay tantos que no tienen a donde ir.
Es maravilloso amar, vivir sonreir y soñar,
cuando hay tantos que odian, lloran y se revuelven en pesadillas.
Es maravilloso tener un DIOS en quien creer, cuando hay tantos
que no sienten consuelo ni tiene fe.
Es maravilloso Señor…… sobre todo, tener tan poco que pedir y tanto
que agradecer.


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